José A Hernández, MD
Presidente, CubaResponde

A la izquierda René Descartes – El conocimiento se basa en ideas claras y distintas.
A la derecha John Locke – El conocimiento se basa en la experiencia y reflexiones mentales.
Recientemente un lector que desea permanecer anónimo, cuestionó las críticas hacia el gobierno cubano que se leen en las páginas de CubaResponde. Presentó como parte de su argumento la pregunta algo retórica: ¿Cuál es la verdad de la revolución cubana? Deriva esta pregunta apuntando al pensamiento de René Descartes, entre otros filósofos que, según el lector, “pasaron, pasan y pasarán sus días en búsqueda de la verdad pura…”
Ya que considero que esta visión hacia Cuba es bastante común, aunque quizás no se expresa exactamente dentro de los términos filosóficos que el instruido lector sacó a relucir, decidí responder. Mi intención es aclarar las limitaciones intelectuales de este enfoque que tiende a ofrecer cierto atractivo del gobierno cubano y por ende oscurece los abusos del sistema en la isla.
En el caso del lector de turno, la imagen intelectual que se propicia es la búsqueda, siguiendo el estilo de René Descartes, de una verdad pura a la interrogante ¿Cuál es la verdad de la revolución cubana? Este enfoque intelectual me despierta cierta curiosidad ya que en el campo de la historia de las ideas, y específicamente en la arena de la epistemología, existen otros puntos de vista mucho más pragmáticos que, si fueran la guía para las preguntas del leyente, es posible lo hubiese llevado a plantear otra pregunta. Ilustrativo de esta diferencia son los conceptos de John Locke como veremos.
René Descartes postulaba que la idea es lo fundamental para adquirir conocimiento. Para este filósofo si uno podía adquirir una idea clara y distinta del sujeto en el que indagamos, entonces uno pudiera tener certeza, podríamos llamarle una verdad pura, del conocimiento que buscamos. Algo distinto vemos en la perspectiva que ofrece John Locke, pensador más o menos contemporáneo de René Descartes. Para este intelectual inglés el conocimiento se fundamenta en la experiencia, no la idea. Estas experiencias necesitan reflexiones en la mente para poder ser concebidas como conocimiento. Dado que las experiencias y las reflexiones mentales tienen muchas limitaciones, es de esperar que por este mecanismo del saber que propone Locke, los conocimientos que adquirimos reflejarán estas restricciones y nunca tendrán la certeza que postula Descartes. Pero no importa que existan estos obstáculos que nos prohíbe el acierto de nuestro conocimiento, nuestra comprensión avanza.
Este es un breve y burdo resumen de los conceptos epistemológicos de dos gigantes del pensamiento, que, a pesar de estas reservas, espero facilite aclarar los problemas encerrados dentro de la pregunta del lector que pudiéramos expresar así: ¿Cual es la verdad pura de la revolución cubana?
Esta curiosidad por la verdad pura de la revolución cubana nos ofrece la posibilidad de entender el atractivo del que pueda disfrutar el gobierno cubano. Es comprensible que el mero concebir de la existencia de un gobierno que enarbola un ideal puro, tal como una revolución que acaba con las diferencias sociales, permita en ciertas mentes concebir una idea “distinta y clara” de la pura verdad de la revolución cubana. Esta concepción se solidifica si incluimos otras metas de la que la revolución fanfarrea, tales como la alfabetización universal, acceso médico gratis, transporte publico para todos, la universidad garantizada, etc. Aquí vemos ideas claras y distintas de la revolución cubana; de ahí que, en ciertas esferas, se llega a la conclusión de la compresión de la pura verdad del sistema imperante en Cuba que se entiende como la lucha por la justicia social.
Sin embargo ¿que sucedería si en vez de intentar comprender el sistema en Cuba basado en las ideas nos preocupamos por los detalles? Es muy probable que estas ideas se materialicen en el repudio de la revolución. Nos llenaríamos de ira hacia el gobierno cubano si supiéramos que en Cuba existe un sistema monetario que crea clases sociales basado en acceso a la moneda convertible la cual discrimina contra el cubano (lean posts 1, 2); que la alfabetización de la que el gobierno se vanagloria es una pantalla que esconde una feroz censura impuesta por el gobierno; que el acceso médico (lean post 3) y al transporte público (lean post 4) son unas tragedias para el cubano; y que en la universidad el estudiante tiene que demostrar su lealtad al sistema o sufrirá represalias. Sin lugar a dudas, esta información, basada en la experiencia, no aclara la verdad pura de la revolución, sino que avanza nuestro conocimiento de esta.
Regresando a las diferencias entre Descartes y Locke, me parece que si la adquisición del conocimiento esta guiado solamente por ideas, como se ve en la pregunta del lector, el atractivo del sistema en Cuba es predecible; pero si al lector lo guiara las enseñanzas de Locke, donde se enfatiza la experiencia, que en el caso de Cuba nos enseña los abusos y burlas al ciudadano, es posible que en vez de postular la pregunta “¿Cuál es la verdad pura de la revolución cubana?” la interrogante sería ¿Cómo es posible que todavía existan individuos interesados en el conocimiento que apoyen a la revolución cubana?
FIN
¿Pudieran estas diferentes perspectivas sobre la adquisición del conocimiento explicar el apoyo que goza el gobierno cubano en ciertas esferas?
Recientemente un lector que desea permanecer anónimo, cuestionó las críticas hacia el gobierno cubano que se leen en las páginas de CubaResponde. Presentó como parte de su argumento la pregunta algo retórica: ¿Cuál es la verdad de la revolución cubana? Deriva esta pregunta apuntando al pensamiento de René Descartes, entre otros filósofos que, según el lector, “pasaron, pasan y pasarán sus días en búsqueda de la verdad pura…”
Ya que considero que esta visión hacia Cuba es bastante común, aunque quizás no se expresa exactamente dentro de los términos filosóficos que el instruido lector sacó a relucir, decidí responder. Mi intención es aclarar las limitaciones intelectuales de este enfoque que tiende a ofrecer cierto atractivo del gobierno cubano y por ende oscurece los abusos del sistema en la isla.
En el caso del lector de turno, la imagen intelectual que se propicia es la búsqueda, siguiendo el estilo de René Descartes, de una verdad pura a la interrogante ¿Cuál es la verdad de la revolución cubana? Este enfoque intelectual me despierta cierta curiosidad ya que en el campo de la historia de las ideas, y específicamente en la arena de la epistemología, existen otros puntos de vista mucho más pragmáticos que, si fueran la guía para las preguntas del leyente, es posible lo hubiese llevado a plantear otra pregunta. Ilustrativo de esta diferencia son los conceptos de John Locke como veremos.
René Descartes postulaba que la idea es lo fundamental para adquirir conocimiento. Para este filósofo si uno podía adquirir una idea clara y distinta del sujeto en el que indagamos, entonces uno pudiera tener certeza, podríamos llamarle una verdad pura, del conocimiento que buscamos. Algo distinto vemos en la perspectiva que ofrece John Locke, pensador más o menos contemporáneo de René Descartes. Para este intelectual inglés el conocimiento se fundamenta en la experiencia, no la idea. Estas experiencias necesitan reflexiones en la mente para poder ser concebidas como conocimiento. Dado que las experiencias y las reflexiones mentales tienen muchas limitaciones, es de esperar que por este mecanismo del saber que propone Locke, los conocimientos que adquirimos reflejarán estas restricciones y nunca tendrán la certeza que postula Descartes. Pero no importa que existan estos obstáculos que nos prohíbe el acierto de nuestro conocimiento, nuestra comprensión avanza.
Este es un breve y burdo resumen de los conceptos epistemológicos de dos gigantes del pensamiento, que, a pesar de estas reservas, espero facilite aclarar los problemas encerrados dentro de la pregunta del lector que pudiéramos expresar así: ¿Cual es la verdad pura de la revolución cubana?
Esta curiosidad por la verdad pura de la revolución cubana nos ofrece la posibilidad de entender el atractivo del que pueda disfrutar el gobierno cubano. Es comprensible que el mero concebir de la existencia de un gobierno que enarbola un ideal puro, tal como una revolución que acaba con las diferencias sociales, permita en ciertas mentes concebir una idea “distinta y clara” de la pura verdad de la revolución cubana. Esta concepción se solidifica si incluimos otras metas de la que la revolución fanfarrea, tales como la alfabetización universal, acceso médico gratis, transporte publico para todos, la universidad garantizada, etc. Aquí vemos ideas claras y distintas de la revolución cubana; de ahí que, en ciertas esferas, se llega a la conclusión de la compresión de la pura verdad del sistema imperante en Cuba que se entiende como la lucha por la justicia social.
Sin embargo ¿que sucedería si en vez de intentar comprender el sistema en Cuba basado en las ideas nos preocupamos por los detalles? Es muy probable que estas ideas se materialicen en el repudio de la revolución. Nos llenaríamos de ira hacia el gobierno cubano si supiéramos que en Cuba existe un sistema monetario que crea clases sociales basado en acceso a la moneda convertible la cual discrimina contra el cubano (lean posts 1, 2); que la alfabetización de la que el gobierno se vanagloria es una pantalla que esconde una feroz censura impuesta por el gobierno; que el acceso médico (lean post 3) y al transporte público (lean post 4) son unas tragedias para el cubano; y que en la universidad el estudiante tiene que demostrar su lealtad al sistema o sufrirá represalias. Sin lugar a dudas, esta información, basada en la experiencia, no aclara la verdad pura de la revolución, sino que avanza nuestro conocimiento de esta.
Regresando a las diferencias entre Descartes y Locke, me parece que si la adquisición del conocimiento esta guiado solamente por ideas, como se ve en la pregunta del lector, el atractivo del sistema en Cuba es predecible; pero si al lector lo guiara las enseñanzas de Locke, donde se enfatiza la experiencia, que en el caso de Cuba nos enseña los abusos y burlas al ciudadano, es posible que en vez de postular la pregunta “¿Cuál es la verdad pura de la revolución cubana?” la interrogante sería ¿Cómo es posible que todavía existan individuos interesados en el conocimiento que apoyen a la revolución cubana?
FIN
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